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8 Claves para ingresar al mundo de la Amabilidad

8 Claves para ingresar al mundo de la Amabilidad

Por tal motivo, de aquí en adelante, conocerán ocho claves que les permitirán llevar la amabilidad a sus vidas.

Recuerden, la clave radica en llevarlas a la práctica, dejar de proceder en automático y preguntarnos cada día si podemos ser mejores.

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Claves para ingresar al mundo de la amabilidad
 
Algo que debemos tener muy presente es que muchas prácticas que creíamos correctas quizá no lo son tanto, como pensar que somos valientes porque “gritamos la verdad en la cara”. Lo que se debe hacer, como humanos, es preguntarnos todo el tiempo si cada paso que damos es lo mejor o más oportuno.
 
Por ejemplo, “gritar la verdad en la cara”, sin pensar en si afecto al otro, algunos teóricos lo llaman “sinceridicio”, hacer daño con la verdad, algo que más adelante vamos a explicar con mayor detalle. 
 
La invitación de esta introducción es a pensar cada día qué hacemos por quienes nos rodean, cómo actuamos, qué podría pulirse.
 
Lo anterior implica salir un poco… O bastante de nuestro lugar de comodidad. Según una de las tantas clasificaciones de la psicología, hay dos tipos de mentalidades: estáticas y de progreso.
 
El primer tipo de esa mentalidad, la estática, se queda en lo mismo, quienes la experimentan no cambian ni crecen, son esas que normalmente hacen lo mismo siempre, y que si les dicen que deben tratar mejor a quienes aman, se niegan con el argumento de que “ellos son así y no van a cambiar”. Aunque a veces es el temor el que nos frena al cambio. 
 
Las segundas, las de progreso, lo saben manejar bien, esas tienen claro que deben aprender todo el tiempo y mejorar, son las que usualmente advierten que comenten un error y lo enmiendan, en resumen, son capaces de aprender a ser amables. Y atentos al dato: muchos estudios han demostrado que son las mentalidades de progreso las que alcanzan grandes éxitos con sus vidas.
 
La pregunta de hoy es: ¿a qué mentalidad quieren pertenecer? Siempre se está a tiempo de cambiar, es tan simple como tomar la decisión y actuar hoy mismo, sin esperar ni aplazar, les garantizo que su vida va a mejorar, no de inmediato pero lo hará.
Claves para ingresar al mundo de la amabilidad
 
Algo que debemos tener muy presente es que muchas prácticas que creíamos correctas quizá no lo son tanto, como pensar que somos valientes porque “gritamos la verdad en la cara”. Lo que se debe hacer, como humanos, es preguntarnos todo el tiempo si cada paso que damos es lo mejor o más oportuno.
 
Por ejemplo, “gritar la verdad en la cara”, sin pensar en si afecto al otro, algunos teóricos lo llaman “sinceridicio”, hacer daño con la verdad, algo que más adelante vamos a explicar con mayor detalle. 
 
La invitación de esta introducción es a pensar cada día qué hacemos por quienes nos rodean, cómo actuamos, qué podría pulirse.
 
Lo anterior implica salir un poco… O bastante de nuestro lugar de comodidad. Según una de las tantas clasificaciones de la psicología, hay dos tipos de mentalidades: estáticas y de progreso.
 
El primer tipo de esa mentalidad, la estática, se queda en lo mismo, quienes la experimentan no cambian ni crecen, son esas que normalmente hacen lo mismo siempre, y que si les dicen que deben tratar mejor a quienes aman, se niegan con el argumento de que “ellos son así y no van a cambiar”. Aunque a veces es el temor el que nos frena al cambio. 
 
Las segundas, las de progreso, lo saben manejar bien, esas tienen claro que deben aprender todo el tiempo y mejorar, son las que usualmente advierten que comenten un error y lo enmiendan, en resumen, son capaces de aprender a ser amables. Y atentos al dato: muchos estudios han demostrado que son las mentalidades de progreso las que alcanzan grandes éxitos con sus vidas.
 
La pregunta de hoy es: ¿a qué mentalidad quieren pertenecer? Siempre se está a tiempo de cambiar, es tan simple como tomar la decisión y actuar hoy mismo, sin esperar ni aplazar, les garantizo que su vida va a mejorar, no de inmediato pero lo hará.

Clave 1: No escondas la amabilidad, ¡muéstrala! 
 
Son varios estudios los que han demostrado que la amabilidad, bondad y todas sus hermanitas se contagian… ¡Pero si se ven! Y, por ende, para que se vea, ¡debemos mostrarla!
 
Hemos creído que mostrar lo bueno es malo, pero no lo es, es una creencia que debemos derrumbar. En El Contagio de la Amabilidad te contamos por qué no lo es. 
 
Nos enseñaron que los buenos actos hasta se esconden, que es incorrecto hacerlos evidentes, pero no necesariamente eso es correcto y explicaré el porqué. Esa forma de actuar viene de una frase: “que la mano izquierda no se entere lo que hace la mano derecha”, y quizá eso aplique para muchas cosas, pero no para la bondad.
 
Para entenderlo mejor, esa frase está en la biblia, más exactamente en el Evangelio de Mateo. Les haré una pregunta: ¿ustedes creen que ese libro sagrado, que dios les diría que no muestren el amor? ¡Todo lo contrario, que lo muestren por montones! Así este mundo se llenará de amor.
 
Eso sí, no lo hagan desde la vanidad o el ego, por vernos muy lindos en Instagram o Facebook, pero si se hacen visibles nuestros buenos actos muchos se sumarán y toda una comunidad se llenará de amor, ese sentimiento que mejora el mundo.
 
Entonces, esto se traduce en entenderlo distinto, en programarnos, como decíamos al inicio y empezar poco a poco a mostrarla, en los capítulos más adelante empezaremos a ver cómo, por ahora, rompe creencias, atrévete a ser distinto si eso mejora la vida de otros, las críticas llegarán, es muy posible en una sociedad punitiva, que todo busca castigarlo, pero si tu conciencia sabe bien qué te motiva al cambio, y es bueno, ¡hazlo sin dudar!
 
Si aprecias tu casa, tu hogar, tu barrio y tu país, llénalo de amabilidad, ¡atrévete a hacer las cosas distinto! Al inicio será extraño, quizá te sentirás juzgado, pero luego empezarás a experimentar en ti los beneficios de mejorar la vida de otros.
Clave 1: No escondas la amabilidad, ¡muéstrala! 
 
Son varios estudios los que han demostrado que la amabilidad, bondad y todas sus hermanitas se contagian… ¡Pero si se ven! Y, por ende, para que se vea, ¡debemos mostrarla!
 
Hemos creído que mostrar lo bueno es malo, pero no lo es, es una creencia que debemos derrumbar. En El Contagio de la Amabilidad te contamos por qué no lo es. 
 
Nos enseñaron que los buenos actos hasta se esconden, que es incorrecto hacerlos evidentes, pero no necesariamente eso es correcto y explicaré el porqué. Esa forma de actuar viene de una frase: “que la mano izquierda no se entere lo que hace la mano derecha”, y quizá eso aplique para muchas cosas, pero no para la bondad.
 
Para entenderlo mejor, esa frase está en la biblia, más exactamente en el Evangelio de Mateo. Les haré una pregunta: ¿ustedes creen que ese libro sagrado, que dios les diría que no muestren el amor? ¡Todo lo contrario, que lo muestren por montones! Así este mundo se llenará de amor.
 
Eso sí, no lo hagan desde la vanidad o el ego, por vernos muy lindos en Instagram o Facebook, pero si se hacen visibles nuestros buenos actos muchos se sumarán y toda una comunidad se llenará de amor, ese sentimiento que mejora el mundo.
 
Entonces, esto se traduce en entenderlo distinto, en programarnos, como decíamos al inicio y empezar poco a poco a mostrarla, en los capítulos más adelante empezaremos a ver cómo, por ahora, rompe creencias, atrévete a ser distinto si eso mejora la vida de otros, las críticas llegarán, es muy posible en una sociedad punitiva, que todo busca castigarlo, pero si tu conciencia sabe bien qué te motiva al cambio, y es bueno, ¡hazlo sin dudar!
 
Si aprecias tu casa, tu hogar, tu barrio y tu país, llénalo de amabilidad, ¡atrévete a hacer las cosas distinto! Al inicio será extraño, quizá te sentirás juzgado, pero luego empezarás a experimentar en ti los beneficios de mejorar la vida de otros.

Clave 2: No caigas en las trampas del ego, toma la iniciativa.

Es común pensar que tenemos la razón, creer siempre que quien se equivocó fue el otro, esto nos lleva a estar en problemas con muchos, y mantener esas diferencias por años, quizá por décadas, sin importar si éstas son con nuestros hermanos, padres o amigos.
 
Por eso, la clave siguiente de la práctica de la amabilidad es no esperar que sea el otro quien actúe amable con nosotros. ¡Tomen la iniciativa!, es común que padres e hijos, por una pequeña pelea, dejen de hablarse, siempre a la espera de que el otro de ese primer paso.
 
Ahí es cuando llegan estos juegos macabros de la soberbia, o quizá el miedo, que siempre nos dicen que “fue el otro quien atacó primero”, “fue el otro quien insultó” o que “yo soy inocente, dado que solo me defendí”.
 
La mala noticia es que ese otro está pensando lo mismo, siempre creyendo que el agredido es él, y los desencuentros simples se transforman en décadas que pudieron arreglarse con que el más valiente de los dos dé el primer paso.
 
Y te tengo otra mala noticia: no es más valiente el que espera y muestra toda su soberbia, es más valiente quien toma la iniciativa y demuestra su capacidad de reconciliación.
 
Solo analiza esto: luego de una pelea o una discusión, ¿qué es más fácil, sentarse a esperar que el otro se disculpe o tomar ese impulso poco común de hablar y resolver las cosas? Sin duda, es más fácil lo primero, pero nos hará sentir mejor lo segundo, todo porque tendremos la certeza de que hicimos nuestra parte.
 
Así que ¡no te pierdas de quienes amas por las trampas del ego! La amabilidad facilita una vida sin arrepentimientos.
Clave 2: No caigas en las trampas del ego, toma la iniciativa.

Es común pensar que tenemos la razón, creer siempre que quien se equivocó fue el otro, esto nos lleva a estar en problemas con muchos, y mantener esas diferencias por años, quizá por décadas, sin importar si éstas son con nuestros hermanos, padres o amigos.
 
Por eso, la clave siguiente de la práctica de la amabilidad es no esperar que sea el otro quien actúe amable con nosotros. ¡Tomen la iniciativa!, es común que padres e hijos, por una pequeña pelea, dejen de hablarse, siempre a la espera de que el otro de ese primer paso.
 
Ahí es cuando llegan estos juegos macabros de la soberbia, o quizá el miedo, que siempre nos dicen que “fue el otro quien atacó primero”, “fue el otro quien insultó” o que “yo soy inocente, dado que solo me defendí”.
 
La mala noticia es que ese otro está pensando lo mismo, siempre creyendo que el agredido es él, y los desencuentros simples se transforman en décadas que pudieron arreglarse con que el más valiente de los dos dé el primer paso.
 
Y te tengo otra mala noticia: no es más valiente el que espera y muestra toda su soberbia, es más valiente quien toma la iniciativa y demuestra su capacidad de reconciliación.
 
Solo analiza esto: luego de una pelea o una discusión, ¿qué es más fácil, sentarse a esperar que el otro se disculpe o tomar ese impulso poco común de hablar y resolver las cosas? Sin duda, es más fácil lo primero, pero nos hará sentir mejor lo segundo, todo porque tendremos la certeza de que hicimos nuestra parte.
 
Así que ¡no te pierdas de quienes amas por las trampas del ego! La amabilidad facilita una vida sin arrepentimientos.

Clave 3: Practica las microamabilidades.

¿Ustedes son de esos duros que se quieren pasar para la amabilidad, pero no saben cómo? Las microamabilidades son la clave, y aquí conocerán el porqué.
 
Líneas más atrás prometíamos técnicas para empezar a practicar la amabilidad, y esta es quizá una de las más valiosas, principalmente para aquellos que son “de piedra” y/o agresivos y que muy dentro quisieran actuar distinto.
 
O quizá no hay que llegar hasta la agresividad o la violencia, simplemente has sido de esas personas que un abrazo nunca se les da o una sonrisa no sale ni con el mayor sueño cumplido, porque además crecimos en una cultura que nos enseñó que una muestra de cariño también era una muestra de debilidad… Nada más lejos de la realidad.
 
Y aquí es donde entran las microamabilidades. Éstas representan pequeños actos, pero permanentes, que inundan el entorno de muy buena energía e intenciones. Pero debemos recordar esa palabra ACTOS, porque no basta con las buenas intenciones. 
 
En un padre, un ejemplo de microamabilidad, puede ser una hora a la semana hacer algo que nunca hizo con su hijo; en un jefe, invitar un café a su equipo cada mañana; en un hijo, llevar ese dulce a la madre que siempre espera con la comida en la mesa.
 
Si lo revisan bien, no necesariamente hay que sonreír, no habrá que abrazar (aunque sería lo ideal) pero estos pequeños actos, cuando se hacen conscientes y sistemáticos, empiezan a mostrar a otros que no somos el ogro que ellos creían y que muy adentro habita esa tan necesaria bondad. 
 
No hay que abrazar a todos para practicar la amabilidad, menos estar sonriendo todo el tiempo, la amabilidad son actos y, en la medida que estos se realicen, todos se darán cuenta de su buen corazón, cerebro e intenciones.
 
Clave 3: Practica las microamabilidades.

¿Ustedes son de esos duros que se quieren pasar para la amabilidad, pero no saben cómo? Las microamabilidades son la clave, y aquí conocerán el porqué.
 
Líneas más atrás prometíamos técnicas para empezar a practicar la amabilidad, y esta es quizá una de las más valiosas, principalmente para aquellos que son “de piedra” y/o agresivos y que muy dentro quisieran actuar distinto.
 
O quizá no hay que llegar hasta la agresividad o la violencia, simplemente has sido de esas personas que un abrazo nunca se les da o una sonrisa no sale ni con el mayor sueño cumplido, porque además crecimos en una cultura que nos enseñó que una muestra de cariño también era una muestra de debilidad… Nada más lejos de la realidad.
 
Y aquí es donde entran las microamabilidades. Éstas representan pequeños actos, pero permanentes, que inundan el entorno de muy buena energía e intenciones. Pero debemos recordar esa palabra ACTOS, porque no basta con las buenas intenciones. 
 
En un padre, un ejemplo de microamabilidad, puede ser una hora a la semana hacer algo que nunca hizo con su hijo; en un jefe, invitar un café a su equipo cada mañana; en un hijo, llevar ese dulce a la madre que siempre espera con la comida en la mesa.
 
Si lo revisan bien, no necesariamente hay que sonreír, no habrá que abrazar (aunque sería lo ideal) pero estos pequeños actos, cuando se hacen conscientes y sistemáticos, empiezan a mostrar a otros que no somos el ogro que ellos creían y que muy adentro habita esa tan necesaria bondad. 
 
No hay que abrazar a todos para practicar la amabilidad, menos estar sonriendo todo el tiempo, la amabilidad son actos y, en la medida que estos se realicen, todos se darán cuenta de su buen corazón, cerebro e intenciones.
 

Clave 4: Pon un tono amable para los momentos difíciles.

Es común que los seres humanos, ante el potencial conflicto, nos preparemos para dar más pelea, sabrán disculpar la generalización, pero en una “sociedad de bravitos” es lo común, por lo mismo, en ella, un acto de amabilidad también es un acto de valentía.
 
Esto ya pone un poco los pelos de punta si se tiene en cuenta que ya varios estudios han demostrado, por ejemplo, que mientras más reaccionemos de inmediato con gritos o golpes menor es nuestro coeficiente intelectual. Para ponerlo de forma más clara: bravito=brutico.
 
Partiendo de esto, la cuarta clave para practicar la amabilidad es, en los momentos más duros, tener la claridad de no aumentar el conflicto sino contar con el autocontrol suficiente para irradiar serenidad y, claro está, amabilidad.
 
Se cuenta con muchas técnicas para llegar a ello, pero la principal de ellas es tan simple como, desde el antes, previo al encuentro, pensar en iniciar ese tema difícil con un tono conciliador, recuerden: bravito=brutico, no busquen imponerse, busquen llegar a acuerdos.
 
No vean esto como debilidad, insisto, tómenlo como una inmensa capacidad cerebral de manejar con serenidad situaciones de estrés, algo poco común. Además, no hay mayor muestra de que se perdió el control que gritar, ¿o acaso ustedes en qué momentos gritan?
 
Entonces, si alguien en casa no está aportando lo necesario para la subsistencia, no es necesario gritarlo, todos lo saben, y quizá si llegan al diálogo con una posición amigable, esa persona les cuente por qué no lo ha hecho y así establezcan acuerdos.
 
Poner un tono amable en esa conversación tensa, además, habla de sabiduría, de experiencia y, si gritar y pelear habla de poco coeficiente intelectual, desde ya les digo que mantener control, hablar con calma y más aún, poner tono amable en una situación que no lo es, da pruebas de todo lo contrario: un cerebro de imitar.
 
La invitación es a ser de esos cerebros que todos envidian, de esas personas con las que todos buscan estar, esos seres que son como un imán: pero de posibilidades, de amor y, como es lógico de buena vida.
Clave 4: Pon un tono amable para los momentos difíciles.

Es común que los seres humanos, ante el potencial conflicto, nos preparemos para dar más pelea, sabrán disculpar la generalización, pero en una “sociedad de bravitos” es lo común, por lo mismo, en ella, un acto de amabilidad también es un acto de valentía.
 
Esto ya pone un poco los pelos de punta si se tiene en cuenta que ya varios estudios han demostrado, por ejemplo, que mientras más reaccionemos de inmediato con gritos o golpes menor es nuestro coeficiente intelectual. Para ponerlo de forma más clara: bravito=brutico.
 
Partiendo de esto, la cuarta clave para practicar la amabilidad es, en los momentos más duros, tener la claridad de no aumentar el conflicto sino contar con el autocontrol suficiente para irradiar serenidad y, claro está, amabilidad.
 
Se cuenta con muchas técnicas para llegar a ello, pero la principal de ellas es tan simple como, desde el antes, previo al encuentro, pensar en iniciar ese tema difícil con un tono conciliador, recuerden: bravito=brutico, no busquen imponerse, busquen llegar a acuerdos.
 
No vean esto como debilidad, insisto, tómenlo como una inmensa capacidad cerebral de manejar con serenidad situaciones de estrés, algo poco común. Además, no hay mayor muestra de que se perdió el control que gritar, ¿o acaso ustedes en qué momentos gritan?
 
Entonces, si alguien en casa no está aportando lo necesario para la subsistencia, no es necesario gritarlo, todos lo saben, y quizá si llegan al diálogo con una posición amigable, esa persona les cuente por qué no lo ha hecho y así establezcan acuerdos.
 
Poner un tono amable en esa conversación tensa, además, habla de sabiduría, de experiencia y, si gritar y pelear habla de poco coeficiente intelectual, desde ya les digo que mantener control, hablar con calma y más aún, poner tono amable en una situación que no lo es, da pruebas de todo lo contrario: un cerebro de imitar.
 
La invitación es a ser de esos cerebros que todos envidian, de esas personas con las que todos buscan estar, esos seres que son como un imán: pero de posibilidades, de amor y, como es lógico de buena vida.

Clave 5: Evite el “sincericidio”

Ya lo mencionábamos al inicio, no porque grite la verdad en la cara estoy actuando de la mejor forma, pues se puede decir la verdad sin dañar. Pero vamos a explicar un poco el término.
 
Si lo analizan verán que éste se compone realmente de dos palabras: sinceridad y homicidio, suena un poco drástico pero su forma de definirlo es bastante simple: destruir al otro al decirle una verdad.
 
La clave aquí está en comprender que no hay motivos para hacerlo, pues no se trata de callar aquello que es cierto, podemos decirlo, pero sin destruir al otro, lo cual implica pensar un poco antes de detonar esa bomba (de esto también hablaremos a continuación).
 
El mejor ejemplo sucede cuando vamos en un autobus, metro o cualquier transporte público y se sube una embarazada, y aquel que se cree “salvador del mundo” grita a un joven desprevenido “¡párate, ¿no ves a la señora?! Es posible que el chico se levante… O que responda con otra agresión (porque el grito es una agresión). 
 
La clave está en que eso mismo se puede decir de buena manera, pedirlo con gentileza, él seguramente lo hará con gusto y, como extra, no se dañará el día de todos, porque el estrés será para todo el que presencia el “alarido”.
 
Ya hablamos de cómo mostrar nuestra bravuconería solo habla de nuestra poca capacidad cerebral, por ello, de hoy en adelante, la propuesta es otra, hago una pausa, pienso cómo lo puedo decir y actúo con serenidad, esto también aplica para las labores del hogar, el trabajo en la oficina y, aunque no lo crean, hasta para hablarle a su perro, algo que también se menciona en el libro El Contagio de la Amabilidad.
 
Para lograr todo esto, una gran herramienta será la que llegue a continuación, el autocontrol.
Clave 5: Evite el “sincericidio”

Ya lo mencionábamos al inicio, no porque grite la verdad en la cara estoy actuando de la mejor forma, pues se puede decir la verdad sin dañar. Pero vamos a explicar un poco el término.
 
Si lo analizan verán que éste se compone realmente de dos palabras: sinceridad y homicidio, suena un poco drástico pero su forma de definirlo es bastante simple: destruir al otro al decirle una verdad.
 
La clave aquí está en comprender que no hay motivos para hacerlo, pues no se trata de callar aquello que es cierto, podemos decirlo, pero sin destruir al otro, lo cual implica pensar un poco antes de detonar esa bomba (de esto también hablaremos a continuación).
 
El mejor ejemplo sucede cuando vamos en un autobus, metro o cualquier transporte público y se sube una embarazada, y aquel que se cree “salvador del mundo” grita a un joven desprevenido “¡párate, ¿no ves a la señora?! Es posible que el chico se levante… O que responda con otra agresión (porque el grito es una agresión). 
 
La clave está en que eso mismo se puede decir de buena manera, pedirlo con gentileza, él seguramente lo hará con gusto y, como extra, no se dañará el día de todos, porque el estrés será para todo el que presencia el “alarido”.
 
Ya hablamos de cómo mostrar nuestra bravuconería solo habla de nuestra poca capacidad cerebral, por ello, de hoy en adelante, la propuesta es otra, hago una pausa, pienso cómo lo puedo decir y actúo con serenidad, esto también aplica para las labores del hogar, el trabajo en la oficina y, aunque no lo crean, hasta para hablarle a su perro, algo que también se menciona en el libro El Contagio de la Amabilidad.
 
Para lograr todo esto, una gran herramienta será la que llegue a continuación, el autocontrol.

Clave 6: Haga como los grandes líderes, practiqueel autocontrol
 

Ligado a lo anterior, el sincericidio, creemos que lo correcto es explotar de ira cuando nuestro corazón nos lo dicta. Esto porque se ha pensado, de la mano de erróneas o antiguas teorías del liderazgo y muchas otras tendencias, que mientras más fuerte grite mejor es el líder, y eso quizá aplica para épocas bárbaras u otras instancias históricas, pero no hoy en día cuando de tratar con personas se trata.
 
La sexta recomendación de estas ocho bases para practicar la amabilidad es respire, piense antes de hablar o de responder ese mensaje por WhatsApp o ese correo electrónico, no hacerlo solo agrandará un problema que quizá se habría manejado sin consecuencias si solo se hiciera una pausa.
 
Como profesor de liderazgo lo sé bien: una de las características clave de quienes inspiran a otros es el autocontrol. Esto es así porque permite mantener la compostura en los momentos difíciles, lo que desarma al oponente y otorga una calma que permite llegar más fácilmente a soluciones, en otras palabras, el autocontrol permite pensar con mayor tranquilidad y efectividad.
 
Esto porque hay una gran diferencia entre expresar las emociones y GRITAR las emociones, la primera, comúnmente es practicada por personas con mayor capacidad de resolución de problemas, mayor potencial de trabajo en equipo y de progreso personal, en resumen, podría decirse que por las más inteligentes; la segunda, explotar con facilidad y gritar a la primera oportunidad, normalmente se asocia al miedo al otro, y principalmente es practicada por cerebros con menor capacidad, aunque se imponga sobre el otro mediante el uso de la fuerza. 
 
Y ya saben, no hay mejor muestra de haber perdido el control de una situación que gritar, aunque creamos que al hacerlo logramos respeto, no, la mala noticia es que, en el mejor de los casos, ese silencio se alcanza con base en el miedo, lo que a futuro seguramente representará mayores dificultades.
 
Entonces, abandonen la estrategia del miedo, ganen el respeto de quienes los rodean y lleguen a ese tan anhelado liderazgo de la mano del respeto, el autocontrol y, claro, de la amabilidad.

Clave 6: Haga como los grandes líderes, practiqueel autocontrol
 

Ligado a lo anterior, el sincericidio, creemos que lo correcto es explotar de ira cuando nuestro corazón nos lo dicta. Esto porque se ha pensado, de la mano de erróneas o antiguas teorías del liderazgo y muchas otras tendencias, que mientras más fuerte grite mejor es el líder, y eso quizá aplica para épocas bárbaras u otras instancias históricas, pero no hoy en día cuando de tratar con personas se trata.
 
La sexta recomendación de estas ocho bases para practicar la amabilidad es respire, piense antes de hablar o de responder ese mensaje por WhatsApp o ese correo electrónico, no hacerlo solo agrandará un problema que quizá se habría manejado sin consecuencias si solo se hiciera una pausa.
 
Como profesor de liderazgo lo sé bien: una de las características clave de quienes inspiran a otros es el autocontrol. Esto es así porque permite mantener la compostura en los momentos difíciles, lo que desarma al oponente y otorga una calma que permite llegar más fácilmente a soluciones, en otras palabras, el autocontrol permite pensar con mayor tranquilidad y efectividad.
 
Esto porque hay una gran diferencia entre expresar las emociones y GRITAR las emociones, la primera, comúnmente es practicada por personas con mayor capacidad de resolución de problemas, mayor potencial de trabajo en equipo y de progreso personal, en resumen, podría decirse que por las más inteligentes; la segunda, explotar con facilidad y gritar a la primera oportunidad, normalmente se asocia al miedo al otro, y principalmente es practicada por cerebros con menor capacidad, aunque se imponga sobre el otro mediante el uso de la fuerza. 
 
Y ya saben, no hay mejor muestra de haber perdido el control de una situación que gritar, aunque creamos que al hacerlo logramos respeto, no, la mala noticia es que, en el mejor de los casos, ese silencio se alcanza con base en el miedo, lo que a futuro seguramente representará mayores dificultades.
 
Entonces, abandonen la estrategia del miedo, ganen el respeto de quienes los rodean y lleguen a ese tan anhelado liderazgo de la mano del respeto, el autocontrol y, claro, de la amabilidad.

Clave 7: Las emociones no solo se viven, se preparan
 

Esta clave la iniciaré con una pregunta: ¿Ustedes qué preparan antes de entrar a una reunión? Estoy seguro de que habrá respuestas como “los temas que se van a tratar en ella, una presentación en Power point, la información que mi jefe requiere”, etcétera, todo muy técnico, y eso es lo más común.
 
Ya que respondieron a esa pregunta, les haré otra: ¿cuántos de ustedes preparan las emociones que se podrían dar en esa reunión? ¡Estoy seguro de que pocos o ninguno respondieron de forma afirmativa!; es decir, no preparamos aquello que ahí dentro quizá nos haga sentir mal y quizá libere las peores de nuestras reacciones. ¡Y eso es un verdadero problema!
 
Vamos a explicarlo: comúnmente, lo que hace que explotemos no es que nos digan que vamos mal en nuestro trabajo (aunque es claro que eso no se siente bien), sino la emoción que se asocia a ello, que viene ligada a la forma en que nos comunicamos, para decirlo con mayor simpleza: el tono en que nos dijeron que “estamos mal” es lo que desencadena todos los problemas, y es ahí cuando yo debo ser consciente de mis emociones y prepararlas.
 
¿Por qué es importante prepararlas? Porque si yo no “prevengo” lo que podría pasar, con el comentario malintencionado que siempre llega del mismo compañero de trabajo o de mi pareja, quizá la amabilidad pase a un segundo plano y explote, lo que seguramente no traerá nada bueno… Para nadie.
 
Claro, no se trata de verlo de forma negativa y adelantar el dolor, como lo llaman los psicólogos “rumiar el problema”, no es nada de eso, se trata de prepararlo para que cuando ese comentario que afecta llegue yo pueda responder con toda serenidad y con argumentos, lo que hará que el otro se desarme y en la reunión todos ganen.
 
Y aquí conectamos con la octava y última recomendación: haga uso de la empatía, porque para preparar la reunión es crucial entender a quienes están ahí, ponerse en su lugar, analizar qué los lleva siempre a ello porque, aunque lo dudemos, el ser humano no es malo por naturaleza, solo va asumiendo prácticas que se convierten en una forma de vida, pero nosotros podemos ayudar a mejorarlas.

Clave 7: Las emociones no solo se viven, se preparan
 

Esta clave la iniciaré con una pregunta: ¿Ustedes qué preparan antes de entrar a una reunión? Estoy seguro de que habrá respuestas como “los temas que se van a tratar en ella, una presentación en Power point, la información que mi jefe requiere”, etcétera, todo muy técnico, y eso es lo más común.
 
Ya que respondieron a esa pregunta, les haré otra: ¿cuántos de ustedes preparan las emociones que se podrían dar en esa reunión? ¡Estoy seguro de que pocos o ninguno respondieron de forma afirmativa!; es decir, no preparamos aquello que ahí dentro quizá nos haga sentir mal y quizá libere las peores de nuestras reacciones. ¡Y eso es un verdadero problema!
 
Vamos a explicarlo: comúnmente, lo que hace que explotemos no es que nos digan que vamos mal en nuestro trabajo (aunque es claro que eso no se siente bien), sino la emoción que se asocia a ello, que viene ligada a la forma en que nos comunicamos, para decirlo con mayor simpleza: el tono en que nos dijeron que “estamos mal” es lo que desencadena todos los problemas, y es ahí cuando yo debo ser consciente de mis emociones y prepararlas.
 
¿Por qué es importante prepararlas? Porque si yo no “prevengo” lo que podría pasar, con el comentario malintencionado que siempre llega del mismo compañero de trabajo o de mi pareja, quizá la amabilidad pase a un segundo plano y explote, lo que seguramente no traerá nada bueno… Para nadie.
 
Claro, no se trata de verlo de forma negativa y adelantar el dolor, como lo llaman los psicólogos “rumiar el problema”, no es nada de eso, se trata de prepararlo para que cuando ese comentario que afecta llegue yo pueda responder con toda serenidad y con argumentos, lo que hará que el otro se desarme y en la reunión todos ganen.
 
Y aquí conectamos con la octava y última recomendación: haga uso de la empatía, porque para preparar la reunión es crucial entender a quienes están ahí, ponerse en su lugar, analizar qué los lleva siempre a ello porque, aunque lo dudemos, el ser humano no es malo por naturaleza, solo va asumiendo prácticas que se convierten en una forma de vida, pero nosotros podemos ayudar a mejorarlas.

Clave 8: Practica la empatía

Nuevamente iniciaremos con preguntas: ¿Sabes si ese compañero de trabajo siempre está de mal humor porque tiene a su madre enferma y no tiene con quién dejarla? ¿Has pensado que esa señora que llega a comprar a tu tienda acaba de ser abandonada por su esposo y no tiene con quién beber un café? ¿Has pensado que quizá esa chica joven, bonita y aparentemente con dinero quizá acaba de ser sacada de su casa por tener un bebé sin estar casada? Todos son hechos que pueden suceder en nuestro día a día y que podremos entender si practicamos el ponernos en el lugar del otro, la empatía.
 
Una frase muy popular dice que “tratemos con amabilidad a todos, no sabemos las batallas que las personas están librando”, y eso es la empatía, realizar un esfuerzo por entender los problemas que otros atraviesan y con ello no responder agresividad con más agresividad.
 
Esto no es un llamado a tolerar maltratos o resistir violencias, claro que no lo es, pero sí que cuando estos se den, hago mi parte, analizo y propongo salidas, esto con el punto de partida de que el conflicto no es una de ellas.
 
Lo anterior también significa que la gran mayoría de los seres humanos no están mal o responden de forma desagradable porque desean hacerlo, quizá tienen un problema que nosotros desconocemos, ¿o acaso tú despiertas en la mañana diciendo que vas a responder mal a las personas que te rodean? Realmente lo dudo, lo mismo aplica para los demás seres humanos. Ahí es donde para practicar la amabilidad se necesita la empatía.
 
Pero, además, practicar la empatía es útil porque muy posiblemente te lleve a analizar el problema, y al hacerlo llevas a que tome control la parte racional de tu cerebro, la calculadora, cuando esto sucede tus reacciones son más calmadas, la ecuación es simple: ha tomado control la parte que no pelea, la que con cabeza fría resuelve.
 
Es un término del que muchos hablan hoy y que es muy útil en la amabilidad, pero más que de corazón está hecho de mucho cerebro, de sabiduría, porque comprender al otro es un acto de valientes, pero también de inteligentes.
 
Esperamos que estas claves te sirvan en casa, en el trabajo, en la calle, en todas partes. La amabilidad, como lo viste en nuestro primer volumen seguramente va a beneficiar tu vida y la de quienes te rodean, pero si tu motivación no es el beneficio personal, ¿qué tal si lo haces por el beneficio de un país? Quienes practicamos la amabilidad creemos firmemente que convertir en actos la bondad, la solidaridad y, claro la amabilidad, son la piedra angular, el punto de partida para que Colombia deje de derramar sangre, ¡te invito a ser parte de esta #RevolucióndelaAmabilidad!

Clave 8: Practica la empatía

Nuevamente iniciaremos con preguntas: ¿Sabes si ese compañero de trabajo siempre está de mal humor porque tiene a su madre enferma y no tiene con quién dejarla? ¿Has pensado que esa señora que llega a comprar a tu tienda acaba de ser abandonada por su esposo y no tiene con quién beber un café? ¿Has pensado que quizá esa chica joven, bonita y aparentemente con dinero quizá acaba de ser sacada de su casa por tener un bebé sin estar casada? Todos son hechos que pueden suceder en nuestro día a día y que podremos entender si practicamos el ponernos en el lugar del otro, la empatía.
 
Una frase muy popular dice que “tratemos con amabilidad a todos, no sabemos las batallas que las personas están librando”, y eso es la empatía, realizar un esfuerzo por entender los problemas que otros atraviesan y con ello no responder agresividad con más agresividad.
 
Esto no es un llamado a tolerar maltratos o resistir violencias, claro que no lo es, pero sí que cuando estos se den, hago mi parte, analizo y propongo salidas, esto con el punto de partida de que el conflicto no es una de ellas.
 
Lo anterior también significa que la gran mayoría de los seres humanos no están mal o responden de forma desagradable porque desean hacerlo, quizá tienen un problema que nosotros desconocemos, ¿o acaso tú despiertas en la mañana diciendo que vas a responder mal a las personas que te rodean? Realmente lo dudo, lo mismo aplica para los demás seres humanos. Ahí es donde para practicar la amabilidad se necesita la empatía.
 
Pero, además, practicar la empatía es útil porque muy posiblemente te lleve a analizar el problema, y al hacerlo llevas a que tome control la parte racional de tu cerebro, la calculadora, cuando esto sucede tus reacciones son más calmadas, la ecuación es simple: ha tomado control la parte que no pelea, la que con cabeza fría resuelve.
 
Es un término del que muchos hablan hoy y que es muy útil en la amabilidad, pero más que de corazón está hecho de mucho cerebro, de sabiduría, porque comprender al otro es un acto de valientes, pero también de inteligentes.
 
Esperamos que estas claves te sirvan en casa, en el trabajo, en la calle, en todas partes. La amabilidad, como lo viste en nuestro primer volumen seguramente va a beneficiar tu vida y la de quienes te rodean, pero si tu motivación no es el beneficio personal, ¿qué tal si lo haces por el beneficio de un país? Quienes practicamos la amabilidad creemos firmemente que convertir en actos la bondad, la solidaridad y, claro la amabilidad, son la piedra angular, el punto de partida para que Colombia deje de derramar sangre, ¡te invito a ser parte de esta #RevolucióndelaAmabilidad!

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